Get Out – Jordan Peele (Crítica sin spoilers)

Me es imposible olvidar una de las imágenes más lamentables que tuve que vivir en mi infancia. Después de salir del instituto y todavía con mi mentalidad demasiado infantil como para comprender lo que estaba sucediendo, dos chicos se pelearon. Uno de ellos: un chico marroquí que solía ser el centro de todas las peleas, el otro: uno de los hijos de aquellas personas a las que el gobierno había cedido un piso por pertenecer al servicio militar, si me preguntáis a mí: mala calaña; y si tengo que ser totalmente sincero, ambos muchachos no eran trigo limpio -si me aceptáis la expresión-. Las peleas en aquel instituto y las crueldades más opresivas de bullying eran el pan de cada día, esa mañana la cosa fue más allá. Cuando la pelea terminó, el chico musulman se fue caminando con la cabeza alta por la carretera mientras cientos de muchachos le seguían. A estos cientos de muchachos les siguieron decenas de adultos. Los familiares del chico musulman se acercaron a él, gritando a la muchedumbre mientras el joven acusado no se detenía en su caminar decisivo y retador. Otro muchacho perteneciente a la familia del ejército comenzó a gritar a voz de grito y con un enérgico ritmo futbolero: “¡Hijos de puta!”. Yo me senté con dos amigos (uno de ellos: un chico rubio y alemán, si es que sirve el dato de algo) sobre unas rocas colgantes observando el espectáculo y todavía sin decir una sola palabra cuando escuchamos como la muchedumbre enfurecida a la que solo le faltaban antorchas y guadañas se unían al ensordecedor grito.

Get Out nos pretende mostrar desde su trailer una paranoia muy real: existe el racismo actual. El lector que haya recibido la suficiente educación como para creer que el anterior párrafo es falso puede sentirse afortunado de no haber crecido en una de estas comunidades o familias con mentalidades altamente cuestionables. Pero una cosa no quita la otra: no me gusta el cine antiracista. No me gusta el cine “con mensaje” en el que dicho mensaje precede a la propia obra. Pensaba que me encontraría con eso mismo en Get Out y la respuesta fue un sorprendente atropello en la sala de cine. Get Out no sólo no es eso, sino que además es una película de suspense que roza el terror manteniendo la expectación con absoluta maestría.

Diez negritos (el título me viene como anillo al dedo) no es una novela ejemplar y altamente recomendable por un azar; da igual que descubras quién es el asesino antes de las últimas páginas, la novela sigue atrapando, sigue teniendo sentido; no sólo es importante la pregunta: ¿Quién es el asesino?, también lo es y con mayor peso argumental: ¿Por qué es un asesino? La mayor sorpresa no es que Bruce Willis esté muerto, la verdadera grandeza de the sixth sense es la razón por la cual el personaje protagonista no quiere admitir que está muerto: con todas las connotaciones psicológicas y filosóficas que la muerte implica.

Get Out mantiene sus preguntas a buen recaudo siempre que lo necesita. “¿Realmente hay un <asesino>?” es la primera de las sucesivas cuestiones que nos planteará conforme avanza la película. No quiero engañar a nadie: fui capaz de responder a prácticamente todos estos acertijos, vi la respuesta como se ve venir a Lawrence de Arabia y eso no hizo que la película perdiese ni una gota de la intensidad ni la tensión que genera. Tiene algún apunte ingenioso y está rodada con una mezcla de formalismo de manual y de rebeldía no muy sutil. Y funciona. El guión cierra cada uno de sus puntos de manera gloriosa, casi parece pertenecer a otra época.

Hay que decirlo: existe el racismo. Existe toda clase de discriminación. Puede tratarse de discriminación “positiva”, o puede tratarse de un modo natural de reconocer los hechos, somos de colores diferentes: poco más.

Get Out reconoce las faltas que no tiene y te culpa como espectador de esperar una cosa que ya no debería ni existir. La culpa es la principal amenaza de Get Out. Y el ingenio es su mayor arma. No es una película falta de diálogos chispeantes y de geniales interpretaciones (a excepción de Allison Williams que está un par de peldaños por debajo de sus compañeros de reparto), entre los cuales Catherine Keener está especialmente implacable.

Sí, en ese viejo instituto se consagró un gran totem a la estupidez y al salvajismo humano más terrible. Eso puede decírtelo cualquiera con dos dedos de frente, Jordan Peele no quiere ir a lo fácil, quiere contarte algo más. Quiere que merezca la pena el precio por el que se paga una entrada. Un intento que viaja más allá del mero tanteo y acierta en la diana por su genial guion y por el ingrávido simbolismo que encontramos en su más que correcta fotografía.

¿Es Get Out una película recomendable? Claro que sí, pilla un cubo en el kfc, vete al cine más cercano y disfruta de una buena peliculita, negrata de mierda.

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