El consumo de cannabis durante el confinamiento

Showman, Kami y Cámara —apodos de los entrevistados que prefieren permanecer en el anonimato— se enteraron de que la declaración del estado de alarma era inminente. Una de sus primeras decisiones fue hacer acopio de hachís y marihuana. Showman y Kami lo hicieron mediante sus vendedores habituales, en el mercado negro; Cámara a través de una asociación cannábica. El 13 de marzo, cuando Cámara quiso regresar a la asociación para adquirir un poco más de la droga, el grupo de policía que vio en la entrada del local le disuadió a cambiar de dirección. A esto le siguió un confinamiento en el que los tres tuvieron que racionar el cannabis.

Cuarentena y hábitos

La cuarentena ha modificado los hábitos de comportamiento y de consumo. Estos cambios se agravan cuando el producto que se quiere adquirir es ilegal. Según el último Informe Europeo sobre Drogas el cannabis es la droga ilegal más consumida en el continente, uno de cada cuatro europeos la ha probado. Esto hace que los consumidores habituales se hayan encontrado en un momento excepcional con respecto a su relación con la marihuana. 

La astucia pícara de los camellos para repartir el producto no ha proliferado. Actitudes como la de vendedores de cannabis ataviados como repartidores de comida —un ejemplo de las trampas que hemos podido leer en la prensa en las últimas semanas— no han sido generalizadas por el riesgo que suponía para ellos. La policía también ha llegado a detectar pequeñas cantidades de la droga en los paquetes de repartidores de Glovo quienes desconocían el contenido que transportaban. El decreto del estado de alarma supuso una complicación difícil de sortear para traficantes y camellos.

Las asociaciones cannábicas, locales populares por los valores de calidad de lo que compran sus asociados —que no clientes—, se vieron obligadas a cerrar el 14 de marzo como el resto de los establecimientos.

Los consumidores coinciden en que los efectos de esta droga son mayoritariamente positivos. El confinamiento es una etapa que, en muchos casos, es estresante; fumar puede ayudar a paliar esta molestia. Kami, estudiante de periodismo, de 20 años, afirmó: “me ayuda a dormir, me relaja y me evade del estrés diario”. En su caso: “Antes del confinamiento solo fumaba un par de veces al mes, otras podía estar un mes entero o dos sin fumar. Durante el confinamiento he fumado más y para consumo propio; vamos, sin compartir”. Otros fumadores afirman que fuman “por aburrimiento, hace que el tiempo pase más rápido”. Incluso se fuma como una forma de potenciar acciones realizadas en casa y que son compatibles como jugar a videojuegos, ver una película o pintar.

Desde la Confederación de Federaciones de Asociaciones Cannábicas (ConFAC) se alerta de que el cierre de las asociaciones solo favorece al mercado negro. También aluden a alrededor de 10.000 puestos de trabajo afectados por el cierre de estas entidades. La falta de convenios para estos trabajadores hace que no tengan donde acogerse.

Precios que te habían subido un 25% o un 50% de golpe

Los porros están más caros. No solo se han modificado los hábitos de consumo de cannabis, también se ha transformado su valor en el único lugar donde se puede adquirir: el mercado negro. “Precios que te habían subido un 25% o un 50% de golpe. Si querías pillar en la calle, el gramo —de hachís— estaba a siete-ochos pavos. La cosa es que ahora bajen, ojalá no se mantengan”, contaba Showman, de 24 años, con un canuto en la mano derecha, a través de una videollamada. Las ganas de acceso al cannabis, la dificultad para el tráfico de esta sustancia y el mayor riesgo a ser multados o arrestados han sido los factores culpables del aumento del precio.

Algunas asociaciones cannábicas intentaron otros medios de venta ilegal como cuenta Cámara, de 26 años: “A mí me dijeron en la asociación que tenían un grupo de Telegram y que podían llevarme la maría a mi casa; a mí me olía un poco chungo. Encima dijeron que solamente permitían hacerlo con cantidades de 200€ o más. No sé si pensaban en que quedaríamos unos amigos y entre todos lo pagaríamos y repartiríamos, pero vamos, que durante la cuarentena no tenía ningún sentido”.

ConFAC ha publicado la Guía de buenas prácticas para el desconfinamiento de los espacios de consumo, en la que se hacen recomendaciones para las asociaciones como “prohibir compartir porros y mecheros”. También se recomienda contactar con las autoridades de los distintos municipios o distritos para que estos locales se adapten a los planes de desconfinamiento según la fase en la que se encuentren. Desde ConFAC se pide que se sigan las indicaciones para el comercio minorista a partir de la fase 2. “En la fase 1 se podrían establecer restricciones de hasta un máximo de 10 personas y siempre cumpliendo con las limitaciones de aforo y las indicaciones de la Guía de Buenas Práctica para el desconfinamiento de los espacios privados de consumo cannábicos”, explican en su página web.

Riesgo y recompensa

“La primera semana fumé todos los días. En condiciones normales solo lo hacía unas tres veces por semana. Cuando vi que la cosa iba para largo me lo fui distribuyendo más: volví a pasar a tres días por semanas. Luego dejé de fumar por un tiempo. Ahora mismo, la última vez que fumé fue hace casi dos semanas. Ya solo me queda un peta, lo estoy guardando para cuando pueda ver a mi novia”, recapituló Cámara sobre su consumo en la cuarentena.

De los consumidores con los que hablamos, solo Showman se arriesgó a trasladarse para comprar hachís. Lo realizó en coche, como acompañante, y tuvo que viajar del pueblo donde reside a otro cercano para contactar con un conocido que le pasaría la droga: “Fue tan arriesgado ese viaje y tan… raro todo que no quise volver a experimentar eso; fue demasiado duro, ni por todo el hachís del mundo. Me sentí muy mal haciendo ese viaje. No volví a hacerlo; pillé muy poco. Fue por desesperación”. El miedo de Showman venía por la posible multa doble, una por la compra del hachís y otra por romper el confinamiento. Logró comprar y regresar a casa sin ser descubierto.

Desde el comienzo de la desescalada, ya en la fase 0, algunos fumadores lograron contactar con camellos o con conocidos. Accedieron a compartir o vender simulando ir a correr a zonas algo aisladas cercanas a sus casas. Será más fácil el acceso a la droga conforme se cambie de fase, la duda es si su consumo y precio volverán a ser los de antes.

El hachís y la marihuana, que habitualmente son fumadas y mezcladas con tabaco, según las Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversos estudios, aumentan los síntomas respiratorios como exacerbaciones por asma bronquial. La combustión y el humo aspirado son factores de riesgo de cáncer pulmonar. El peligro de padecer una enfermedad respiratoria se incrementa debido a las lesiones epiteliales causadas por el humo de la marihuana que facilita la colonización de gérmenes. ¿Se han planteado los fumadores de estas sustancias si perjudican a su sistema inmunológico y puede llegar a afectarles negativamente en caso de contraer COVID-19?:

-“Sí, yo sé que esto puede ser un factor de riesgo…, pero claro, para empezar uno no es de piedra y para seguir yo pienso: bueno… uno es joven, el cuerpo aguanta… Quiero decir, para que me mate a mí hay que tener mala suerte y bueno… uno hace balance y… pues al final acaba fumando. Lo llegué a pensar, pero tampoco lo tuve muy presente, asumí que iba a seguir fumando y que es lo que hay”, explicó Showman

-“No me lo he llegado a plantear. No sé si me afectaría negativamente porque en teoría la marihuana tiene efectos positivos sobre ciertas enfermedades, pero no sé si entre ellas se incluye el coronavirus. Por si acaso, preferiría no arriesgar”, expuso Kami.

-“Ya sabía lo que provocaba el COVID-19, o sea te puede provocar una neumonía aguda, y claro, la cosa se agrava si ya tienes los pulmones hechos mierda”, argumentó Cámara.

Showman, en su balance sobre su consumo en la cuarentena, dijo: “Al principio, como pensaba que esto iba a durar menos, sí que fumaba más. Lo de estar en casa fumando me parecía un planazo. Pero claro, cuando vi que iba a escasear la cosa y que me iba a quedar sin peis… y que estaba jodidísimo salir… porque mis camellos no estaban readys y yo no podía desplazarme a otros sitios…, estaba muy difícil lo de fumar. Empecé a fumar menos y cuando llevábamos dos semanas de confinamiento prácticamente no fumaba nada por el miedo a perderlo todo. Siempre me dejaba una piedrecita muy pequeña por el mero hecho de saber que tenía, pero no fumaba. Bueno, sí empecé a fumar tabaco, cosa que no hacía antes.”

Desde el anuncio del estado de alarma, las asociaciones apuntaron lo que calificaron de hipocresías por parte del gobierno. Estas quejas llegaron empujadas por el tratamiento hacia los estancos. Los estancos permanecerían abiertos y los ciudadanos podían desplazarse para comprar tabaco. El argumento de las asociaciones fue el de la necesidad de una regulación real de sus locales y que se pudiese acudir mediante unas normas adecuadas a la situación actual, como la implantación de la cita previa. ConFAC anunció que estaban manteniendo conversaciones abiertas con diferentes grupos parlamentarios y que solo recibieron respuestas ambiguas debido a la alegalidad de los locales.

Dan como necesarios los estancos, como necesidad primaria; a nosotros si queremos ir a pillar nos multan por doble partida

Sobre esa comparativa entre los estancos y las asociaciones —y el tratamiento del gobierno a esto—, los consumidores de cannabis contestan: “Lo entiendo en cierta parte porque el tabaco es legal en el país, pero también opino que para aquellas personas que sean adictas al cannabis quitarles la sustancia de golpe puede tener los mismos efectos negativos que si a una persona fumadora le quitas de repente el tabaco” opinó Kami a través de un mensaje de Whatsapp. Showman fue más decisivo en su declaración: “Pone de manifiesto otra vez la hipocresía de los Estados con este tema. Dan como necesarios los estancos, como necesidad primaria; a nosotros si queremos ir a pillar nos multan por doble partida. A unos les facilitan el comprar su droga y a otros no. No tiene ningún sentido.” Camara, tras una breve pausa, contestó lo siguiente: “Por un lado lo veo lógico, si hubiesen cerrado los estancos hubiésemos tenido muchos casos de violencia doméstica. La gente que fuma cannabis puede tener el mismo problema, pero claro: una de las cosas está regulada y la otra no.”

El confinamiento ha usurpado los hábitos de los ciudadanos; pero hay actividades, necesidades y caprichos a los que, a pesar de todo, han tenido acceso. Los antojos han fluido a través de los repartidores o del acceso a los comercios que han podido abrir. Los fumadores de cannabis consultados están de acuerdo en su responsabilidad personal a la hora de consumir una sustancia ilegal. Si bien la conversación suele querer versar sobre una posible legalización o una regulación, existe un consenso sobre la lógica de no poder acceder a la droga en las circunstancias actuales. Pero esa aceptación no elimina las reacciones y las consecuencias negativas de la abstinencia.

Pequeñas columnas de humo, de olor herbáceo, huyen de las ventanas de Kami, Cámara y Showman. Con cada calada calman nervios, esperan que su cerebro acelere su reloj vital o buscan potenciar su creatividad. Mirarán hacia abajo, a las calles vacías; o lo harán hacia el cielo, ya sean nublado o estrellado, en busca del momento en el que sus cerebros empiezan a funcionar diferente. Al mismo tiempo, junto al disfrute del propio gesto de fumar, de aspirar, acuden mentalmente a su alijo particular y calculan lo que les queda. Dividen mentalmente esos depósitos “si no los cargo mucho todavía me quedará para un par de porros o tres”, piensan. Aunque ya no importa demasiado, porque un pequeño mareo empieza a cautivarles.

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